Pelayo Campa
fotografia
autorretrato

Pelayo imagina.

La ilusión es energía y motivación. Seguir el rastro de ambas es en ocasiones complicado. El fluir continuado de los acontecimientos dificulta el viaje onírico de lo imprevisible; es entonces cuando la ilusión enferma o definitivamente muere. La fotografía es el resultado de un acto meditado, que conecta en una primera fase con la ilusión. El acto en sí de fotografiar comporta cierta dosis de planificación, en la que decidimos qué vamos a capturar y cómo vamos a utilizar el lenguaje de la composición y la técnica en favor de un discurso que pretendemos sea comprendido, o al menos compartido por una cantidad no previsible de espectadores.

Pensaba yo en todo esto cuando conocí a Pelayo. Fue casual, como casi todo. Coincidimos en esa nube de encuentros y desencuentros que es el ciberespacio, organizando muros y atrapando talentos que conviven con la mediocridad de un mundo al revés. Enseguida congeniamos y, naturalmente, fuimos testigos de ida y vuelta de un maremagnum de imágenes personales, analizadas en la superficie y en el fondo, reventando las causas y los hechos.

Permitidme comentar que soy portador de algunas heridas abiertas. Algunas no cicatrizan con el tiempo, debido al dolor que me producen la insensibilidad, la prepotencia y la fatua banalidad. Comportamientos estos que, paradójicamente, se perpetúan en la especie dominante a pesar de los errores del pasado. Fue algo natural que brotara la amistad con Pelayo, pues él también ha sido bendecido con el "don" del inconformismo y con un afán de autosuperación que, en ocasiones, se balancea sobre su imaginación como espada de Damocles.

Pelayo crece y varía su discurso gráfico, armonizando huidas al mundo de Alice con paseos largos por los bosques y acantilados de su tierra de Asturias. Si tienes oportunidad de conocer a este eterno insatisfecho, observarás inmediatamente que es un hombre fiel a sus convicciones y un soñador impenitente, honrado con las dudas propias de los incombustibles y con el ojo del alumno aventajado que, a fuerza de observar la luz, será capaz de reproducirla con herramientas sencillas pero efectivas.

Como usted sabe, Don Camilo, los sueños construyen realidades increíbles, y en ellas habitan los logros que por la voluntad y el trabajo se perpetúan.

Como en las fotos de Pelayo Campa

Guillermo Asián